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Mi discurso alternativo a las Naciones Unidas

Carolina Castellanos
24 de septiembre, 2021

La 76 Asamblea General de las Naciones Unidas se está llevando a cabo en estos días. La gran mayoría de presidentes, primeros ministros, dictadores y de todo, se dan cita una vez al año en Nueva York. Cada uno tiene su turno al micrófono. Ese podio les da la oportunidad de “desplegar sus plumas” y decir todo lo bueno que han estado haciendo. 

Más allá de esto, me parece que aprovechan a hablar con sus pares sobre temas específicos de interés mutuo. Esas negociaciones y acuerdos “de pasillo” son más importantes que el despliegue de plumas en el podio.

Nuestro Presidente, al igual que todos, aprovechó para hablar de logros y avances en su administración. Este discurso es casi clonado por todos los demás dirigentes y repetido cada año, con pocas variaciones. Nadie llegará a hablar mal de su “changarro” y menos de su administración. 

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Es momento de ser políticamente incorrectos y decir las cosas claras. 

“Estimados todos aquí presentes, sirva este podio para hablar las cosas como son, sin diplomacia ni adulación, especialmente a quienes no se la merecen. Hay aquí presentes varios dictadores reales y aspirantes a serlo, escuchando un discurso tras otro, conversando en los pasillos y hasta almorzando junto a muchos que, por conveniencia, imagen o ideología, deben hacerlo.

Mantenerse vigentes es un deseo incontenible para quienes desean ostentar el poder por la vía democrática, golpe de estado, sangre azul u otro. Su presencia aquí asegura, por un tiempo, esa vigencia. Sin embargo, deseo recordarles que el poder es efímero, así como la fama y la fortuna. Así como trae lujos y riqueza, también trae infortunios y relaciones de vidrio que se romperán a la primera vibración política o mediática.

La creencia que el cambio climático es algo de urgencia, ha convertido a los creyentes en fanáticos y a los no creyentes en irresponsables. Así pues, tenemos otra división más que no respeta fronteras. Ahora hay expertos pobres y millonarios, científicos sabios y desquiciados, todo dependiendo de la lente con que son clasificados por los que creen en una versión o en la otra y la financian acordemente.

Este foro de “naciones unidas” no es más que un reducto casi guerrillero en el que impera el socialismo y lo trata de imponer a toda costa. Aquí hay representados más de 190 países, unos convertidos, otros no y muchos moviéndose según la danza de los millones que compran a quien esté dispuesto a venderse.

La educación de los niños y adolescentes se ha convertido en el nuevo campo de batalla. Nos hemos dado cuenta que el futuro se debe construir desde la niñez y que es allí donde se aprovechan a cultivar un sistema que viola el derecho más sagrado, la libertad. Los aquí reunidos hemos visto la destrucción de tantos países que sucumbieron a los cantos de sirena de esa ideología destructiva que beneficia solamente a quienes la promueven. 

Al finalizar estos días de interminables reuniones, se habrán creado alianzas pegadas con goma de la que usan los niños de primaria. Al primer viento encontrado, se romperán o quedarán mal pegadas por ser políticamente correctas y convenientes. 

Al regresar a sus países de origen, cada uno rendirá un informe al congreso, al gabinete, al pueblo, a los súbditos o a nadie. Habrá sido una experiencia emocionante para lo primerizos, aburrida para los eternos, útil para los listos y los aprovechados y exitosa para los organizadores.

Guatemala exige y reclama respeto de parte de todos los aquí presentes. Somos un país pequeño, subdesarrollado y con problemas, varios de ellos ocasionados por muchos de los aquí presentes al ofrecer su ayuda condicionada a sus designios, al dividirnos entre indígenas y no indígenas cuando deciden “explotar” el indigenismo y acusarnos al resto de discriminarlos. Ya no queremos su ayuda si ésta vendrá acompañada de la imposición de sus agendas como LGBTIQ, feminismo, aborto y cualquier otra ocurrencia de las sociedades “avanzadas”.

Ojalá el nombre de “naciones unidas” fuera una realidad. Vimos un atisbo de esto al inicio de la pandemia pero los intereses particulares de cada país se sobrepusieron a una lucha conjunta para enfrentar esta amenaza invisible. 

Somos un solo país con una riqueza cultural inigualable. Invitamos a los empresarios de sus países a que inviertan para crear así el tan anhelado crecimiento y desarrollo de Guatemala. Nos veremos nuevamente el próximo año.”

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