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Ante un gobierno de Semilla, una oposición inteligente

Si bien no hay una bestia de siete cabezas que viene a secuestrar a nuestros hijos en nombre del comunismo, sí hay una sirena de siete cantos que viene a hipnotizar a nuestros hijos en nombre del progresismo y la corrección política.

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Roberto Carlos Recinos-Abularach |
23 de agosto, 2023

No comparto el pesimismo de la derecha menos transigente respecto a los resultados electorales y la victoria de Bernardo Arévalo. El monstruo que se comerá a nuestros hijos no existe. Se trata, me parece a mí -más bien- de buenas intenciones e ideas peligrosas, dotadas de poder. Un gobierno de Movimiento Semilla representa amenazas y oportunidades por igual, pues una oposición responsable es otra expresión de la buena gobernanza.

Antes que nada, permítanme contarles un poco de mi relación con Movimiento Semilla. Y es que soy, de alguna manera, cercano al partido ya que milité allí en sus inicios y conozco a varios de sus representantes más prominentes, a unos más que a otros. Una cosa les puedo asegurar: hay mucha calidad humana en ese grupo. Francamente, no considero que vayan con mala intención, ni que acarreen graves vicios fundacionales, como especulan algunos.  Dicho esto, no obstante, sí creo que adolecen de una grandísima debilidad, que en realidad son varias, pero basadas en una idea central, y es que su programa se alimenta de altos ideales vis-à-vis objetivos concretos, lógicos, realistas y determinados. De tal manera, sus metas se presentan de forma ambigua, con abstracta grandilocuencia, sus conceptos fundamentales muy líquidos y sus objetivos de difícil consecución. Si uno se conduce por la vida cual poeta, siempre viendo al cielo, un día se caerá en una reposadera y defraudará a muchos que escucharon sus versos y apostaron por ellos. Todo este enredo ideológico supone un problema colosal de carácter administrativo y financiero, porque el juego de la burocracia, en general y el de las asignaciones presupuestarias, en particular, no son fáciles de sobrellevar, se encuentran éstos desbordados de candados y contrapesos que deben ser minuciosamente comprendidos y que demandan una gestión eficiente y harta solvencia gerencial. Se antoja el reto, cuando menos, complicado.

¿Podrán los cuadros de Semilla y sus aliados de gobierno afrontarlo con garantías?

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Nociones líquidas e imprecisas, como toxicidad, opresión, lucha contra la corrupción, bien común, equidad, democracia social (¿hay otro tipo de democracia?) o derechos humanos resultan, en la práctica, parte de un bonito discurso y poco más. Estos no son conceptos que puedan sostener un plan de gobierno, sino apenas un manifiesto. Y con manifiestos, simple y llanamente, no se puede gobernar.

Todo aquello, solo por un lado. Por otra parte, encontramos la siguiente dimensión de ese moralismo idealista que doblega su razón, su lógica, su valentía para atreverse a ser humanos plenos y no es más que el mal llamado progresismo político, que es en verdad un vasto movimiento cultural, producto de una agenda geopolítica definida. Para quienes invoquen enseguida ideas como paranoia, conspiración, campaña negra o calumnia al leer estas líneas, por favor, solo vean como usan el lenguaje en sus comunicaciones oficiales, pretendiendo “incluir a todos” en sus planes de justicia con herramientas superfluas, como lo es empezar cada aparición pública o publicación en las redes sociales con un “todos y todas”, haciendo el ridículo de violar las reglas del idioma español, según ellos, para romper con el “sistema heteronormativo”, la “opresión”, el “patriarcado” y otras desatinadas abstracciones. Y no lo hacen “porque así les nace”, sino porque así les han dicho que lo tienen que hacer.

Crean así fobias de todo tipo, viendo fantasmas hasta en la almohada, y crían, de tal manera, generaciones desinformadas y de delgadísimo cristal, que se rompen con un ventarrón cualquiera.

Por estas razones hablo de oposición estratégica y no de llana coordinación.

Si bien no hay una bestia de siete cabezas que viene a secuestrar a nuestros hijos en nombre del comunismo, sí hay una sirena de siete cantos que viene a hipnotizar a nuestros hijos en nombre del progresismo y la corrección política. Debemos cuidarlos de las ideas de género fluido, el fin de la masculinidad y la obsolescencia de la familia natural, de la elevación del libertinaje sexoabortista, la criminalización del pensamiento y expresión libres o de la remuneración sin trabajo, por mencionar algunos de sus peligros más latentes. 

Se refrendan con ahínco, en este pequeño cuadro, los llamados antifeministas y antiprogresistas inteligentes y responsables. No mediante la destrucción de lo viejo, como dice el refrán, sino a través de la creación de lo nuevo que haga que lo viejo se caiga por su propio peso.

Está claro, en fin, que nos encontramos ante una semilla de posverdad y desunión, pero también ante una semilla de oportunidad para actuar como ciudadanos con pensamiento crítico, interesados, honestos, probos y comprometidos con la verdad y el desarrollo productivo. La coyuntura nos presenta con este obsequio. Ojalá lo aprovechemos para que las semillas que hoy se siembran revelen buenos y dulces frutos en su interior.