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Davos, estatismo contra libertad

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Daniel Lacalle |
23 de enero, 2024
El contenido en la sección de Opinión es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la postura o la línea editorial de República.
 

Las grandes empresas y líderes globales acatan y asumen el creciente intervencionismo y el avance del socialismo empobrecedor porque los segundos perpetúan su poder y su control sobre los ciudadanos y las multinacionales tienen músculo financiero y tamaño suficiente como para absorber los efectos perniciosos, ya que todo el efecto devastador del aumento masivo de deuda y masa monetaria, gasto público, impuestos, barreras al comercio y el progreso recaen sobre las pequeñas empresas y las familias.

¿Quiénes sufren el efecto devastador sobre la renta disponible de esos gigantescos y mal llamados “planes de estímulo” gubernamentales que no estimulan nada, dejan un rastro masivo de deuda y de empobrecimiento por mayor inflación? Las clases medias y las pymes.

Es por ello por lo que se da un triste incentivo perverso. Los líderes empresariales que deberían poner en valor el éxito de la inversión productiva y el libre mercado tienen miedo a que se lance la turba intervencionista y canceladora a atacarles y, por ello, prefieren mirar a otro lado o incluso financiar el avance de las ideas liberticidas esperando que les dejen trabajar e invertir en paz. No funciona. El colectivismo marxista no se frena blanqueándolo. No nos debe sorprender cuando vemos cómo este neocomunismo disfrazado de causas sociales ataca con más crudeza todavía a aquellas empresas y líderes que han abrazado sus falsos mensajes. 

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El socialismo no busca el progreso, busca el control. Las grandes empresas que caen en el error de comprar el socialismo sufren el mismo ataque y además empeoran su capacidad de crear valor y riqueza.

El ejemplo de Argentina es evidente. La izquierda entre 2007 y diciembre de 2023 ha mirado a otro lado ante el aumento masivo de la pobreza y la inflación desbocada. Tenían incluso la desvergüenza de justificar que la inflación era “multicausal” y que la pobreza estaba mal calculada. El silencio ensordecedor de la izquierda ante el desastre humanitario y también ecológico creado por el socialismo en Venezuela, Nicaragua, Argentina y otros países demuestra que no les importa nada el bienestar de los ciudadanos o el cuidado del medio ambiente, sino utilizar causas aparentemente inocuas para tomar el poder y destruir la economía. Porque el objetivo de todo líder socialista es crear pobres clientes rehenes que dependan de un estado en el que esos líderes se enriquecen de manera obscena mientras el país se hunde. No se equivoquen, el estatismo no busca la redistribución de ricos hacia pobres, sino la redistribución de ricos hacia políticos.

En Davos, Milei ha sido un éxito y Sánchez ha fracasado. Con los últimos datos, 200.000 visualizaciones del discurso de Milei y 5.000 el de Sánchez. El mensaje de izquierda plañidera de Sánchez no solo ha pasado desapercibido sino que es falso. En 30 segundos contó ocho mentiras, incluyendo la falacia de que la inversión extranjera ha aumentado y es mayor que nunca, cuando ha caído un 23% en 2023 y está a un 40% de los niveles del pico de 2018 que tampoco era ninguna maravilla. Encima tuvo la caradura de decir que España es “un paraíso para las empresas” cuando hay 50.700 empresas cotizando menos que cuando llegó a La Moncloa. Afirma que el éxito de los negocios de las empresas depende de un estado fuerte cuando es falso. No existe estado de bienestar sin empresas potentes y productivas, y no existen servicios públicos si no se crea riqueza privada. El progreso no depende de un estado clientelar, extractivo y confiscatorio sino de una sociedad civil fuerte de individuos libres con instituciones independientes que funcionan como contrapeso al poder político. La seguridad jurídica y el atractivo inversor o el respeto a la legalidad internacional no lo defiende el poder político sino instituciones que lo frenan. El mundo no progresa gracias a los políticos como Sánchez sino a pesar de las trabas que ponen. 

No existe estado de bienestar sin empresas potentes y productivas, y no existen servicios públicos si no se crea riqueza privada

Milei arrasó diciendo la verdad. Los que callaron durante años con el destrozo económico de Argentina ahora le temen. El socialismo es un sistema empobrecedor que ha fracasado y que no debe defenderse por miedo a represalias. Milei recordó a las empresas que son los héroes de la reducción de la pobreza y el progreso y que la izquierda solo usa la excusa medioambiental y de género para imponer el totalitarismo. Sánchez mintió y Milei dijo la verdad. En todo el mundo, esas palabras han dado esperanza a los que sufren los intentos de cancelación, el ataque y el expolio del intervencionismo.

Lección para España: Si la oposición adopta sin tapujos las ideas de la libertad, arrasará al socialismo empobrecedor y al populismo extractivo. Si la oposición se entrega al blandengue e insípido objetivo de presentarse como socialismo confiscatorio “light”, fracasará. 

 

El autor de esta columna es Daniel Lacalle, doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, además de gestor de fondos de inversión.