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El lobo y la caperucita roja

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Warren Orbaugh |
30 de enero, 2024
El contenido en la sección de Opinión es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la postura o la línea editorial de República.
 

Pareciera que estamos presenciando en vivo el cuento del Lobo y la Caperucita Roja, esa fábula de tradición oral que fue recogida y difundida por el mundo en los escritos de Charles Perrault y los hermanos Grimm. En ambas versiones el lobo engaña a Caperucita, primero presentándose como una bestia buena que la invita a una carrera hasta la casa de la abuelita, y después disfrazándose de la susodicha anciana. En la versión de Perrault, para satisfacer su lujuria y luego comérsela, y en la versión de los hermanos Grimm solamente para devorársela. El lobo, evidentemente es un truhán que mediante engaños esconde sus verdaderas intenciones.

El papel del lobo lo personifica el presidente de la República. Todos sabemos sus intenciones reales. Las anunció a voces cuantas veces pudo y por cuantos medios estuvieron dispuestos a difundirlas. «Lo primero que voy a hacer al tomar posesión será pedirle la renuncia a la Fiscal General de la República» advirtió.

Ya antes de ser investido estuvo buscando como deshacerse de la Fiscal General. Incitó al plantón de sus aliados de los cuarenta y ocho cantones para presionarla. Llamó a manifestaciones y bloqueos para forzarla a renunciar. Azuzó al entonces presidente, el doctor Alejandro Giammattei, a que la removiera a como diera lugar, aunque tuviera que violar la ley.

Ahora la invita a reuniones, pretendiendo ser de buena fe, pero que a leguas hieden a trampas para poder deshacerse de ella. Primero la invita a una reunión privada a la que por ley ella no puede asistir. Luego la invita a una reunión de ministros. Pero al estar allí, la Fiscal General se enteró que era una reunión de Consejo de Ministros y no una reunión de Gabinete de Ministros. La diferencia estriba en que la reunión de Consejo de Ministros se convoca para emitir conjuntamente con el presidente un acuerdo gubernativo, que debe ser emitido y firmado por los asistentes. Y la reunión de Gabinete de Ministros se convoca para fines de coordinación administrativa creado mediante Acuerdo Gubernativo de acuerdo con el artículo 18 de la Ley del Organismo Ejecutivo. La señora Fiscal no puede comparecer en un Consejo de Ministros, ya que ella no está capacitada por ley para emitir conjuntamente con los presentes acuerdo gubernativo alguno.

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¿Fue un error del señor presidente? ¿Fue incapacidad de sus asesores? ¿No sabe la diferencia entre reunión de Consejo de Ministros y reunión de Gabinete de Ministros?

No, no puedo creerlo. El señor Arévalo tiene una larga trayectoria en política. El uruguayo fue viceministro de Relaciones Exteriores entre 1994 y 1995, fue embajador de Guatemala en España de 1995 a 1996, fue diputado en el Congreso de Guatemala de 2020 a 2024 y ahora es el presidente de la nación. ¿Es acaso concebible que a estas alturas no sepa como funciona el gobierno, ni lo que es el sistema republicano, ni cuales son las leyes que lo rigen? ¡Por favor!

Y, además, sus comentarios al terminar la fallida trampa develaron sus intenciones cuando declaró que el Gobierno de la República examinará las acciones legales que proceden en contra de la Fiscal General por haberse ausentado de la reunión de Consejo de Ministros.

En el cuento, el lobo representa el peligro y la astucia, y actúa de manera maliciosa para alcanzar sus fines. En la vida real, esta descripción pinta al señor presidente. La moraleja del cuento es: no confiar en extraños. La lección de la vida real es: no confiar en políticos socialistas.

 

El autor de esta columna es Warren Orbraugh.