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El tercer conflicto

El tercer conflicto lo estamos viviendo ahora. Esta vez se trata de un fraude electoral y la urgente necesidad de defenestrar a la figura que ha sostenido todo el andamiaje, la fiscal general.

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Carolina Castellanos |
20 de octubre, 2023

El primero, llamado conflicto armado interno, surgió por la rebelión de un sector del ejército, el 13 de noviembre de 1960.  Duró 36 años. Las causas fueron desigualdad socialy económica, la exclusión política y cultural, el no reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, entre otros. Esta rebelión se consolidó con un movimiento cívico urbano de repudio al entonces presidente Ydígoras Fuentes (referencia: varias fuentes consultadas).

En 1996 se firmó el “Acuerdo de Paz firme y duradera”entre la URNG y el gobierno, liderado por Álvaro Arzú Irigoyen. Me llama la atención “firme y duradera”. Supongo que, en ese entonces, quienes negociaron los acuerdos y quienes los firmaron, por parte del gobierno,creyeron que la izquierda, más aún la revolucionaria, cumpliría con su palabra. Ilusos.

El segundo conflicto interno lo tuvimos con la instalación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG. Solo recordarla genera pesadillas. La ONU, a quien he llamado con frecuencia un “reducto guerrillero”, fue el creador de semejante organización. Tuvimos tres comisionados, Carlos Castresana, Francisco Dall`Anese Ruiz y, finalmente, Iván Velásquez Gómez.

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El mayor conflicto que vivimos en la época del innombrable último comisionado fue el intento de modificar diversas leyes y, por supuesto, la Constitución Política de la República de Guatemala. Los chapines rechazamos este atropello, que nos hubiera convertido en una Cuba o Venezuela en poco tiempo. En vez de utilizar hombres y armas, como en el primer conflicto, intentó manipular el sistema legal, atacando directamente a la Carta Magna, que nos sigue sosteniendo y defendiendo de tanto atropello.

El tercer conflicto lo estamos viviendo ahora. Esta vez se trata de un fraude electoral y la urgente necesidad de defenestrar a la figura que ha sostenido todo el andamiaje, la fiscal general.

La izquierda, con organizaciones como el Foro de Puebla y la Internacional Socialista, se dedican a pensar cómo destruir un país que se ha resistido a plegarse a sus designios que causan rompimiento social: “ricos contra pobres”, indígenas contra los demás, “empleados” contra empresarios.

Creímos que era difícil caer más bajo, pero no. Ya usaron armas y leyes, ahora usan personas. Se aprovechan de la pobreza de tantos guatemaltecos. A cambio de “unos centavos” (aún si fueran cientos, nada paga el riesgo, el cansancio y la humillación que han sufrido), han movilizado miles de personas, en su mayoría indígenas. 

La estrategia de la izquierda ya la conocemos. El objetivo es empobrecer a la población, hasta los huesos, para hacerla dependiente de “papá gobierno”. Crean esa necesidad de tener un gobierno gigante que provea de todo a los habitantes. Como hemos visto en tantos países, implementan nuevas agencias, oficinas, ministerios y lo que sea, dando la oportunidad a miles de personas de enriquecerse, mientras la población escasamente puede sostenerse a sí misma. El ansia de poder para controlarlo todo, es ilimitada.

El mapa de Guatemala se ha teñido de rojo. Es la sangre derramada por tanto abuso, robo, generación de pobreza, engaño y manipulación de quienes quieren vivir a costa de nuestro esfuerzo y limitar nuestra libertad para actuar a su sabor y antojo.

Está en nosotros continuar la lucha hasta vencerlos, con la ley en la mano y defendiendo, a toda costa, a la familia, a los valores y a la moral que nos ha sostenido a través de los años. ¡Ya no más conflictos!