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Se trata de libertad, no de libertinaje

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Carolina Castellanos |
26 de enero, 2024
El contenido en la sección de Opinión es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la postura o la línea editorial de República.

Libertinaje es lo que practican los irresponsables. Hacen lo que quieren y no les importan las consecuencias. Viven en “su ley” y pretenden que todos los demás acepten sus acciones. Se creen dueños de la verdad y, peor aún, superiores al imperio de la ley.

Supongo que usted, estimado lector, ya le puso nombre a quien, o a quienes, describo en el párrafo anterior. Si no lo ha hecho, le doy una clave: pertenecen al gobierno. Por supuesto que hay muchos en el sector privado que lo hacen, pero las consecuencias de la pérdida de negocios y, sobre todo, de su credibilidad y respeto en el ámbito empresarial, los motiva a evitar hacer lo que se les da la gana, o sea, practicar el libertinaje.  Tarde o temprano pagarían por su irresponsabilidad.

En el gobierno, uno tras otro, desde la cima hasta el sótano, con las pocas excepciones, que sí hay, rara vez hay consecuencias cuando “se salen” del marco de la ley, sea un reglamento, una norma interna o cualquier otro. 

En el gobierno no hay consecuencias a los actos libertinos, sean robo, malversación de fondos (también es robo), saltarse las normas para hacer un favor, retorcer la ley para lograr algún objetivo espurio y cualquier otra cosa que se les ocurra. Esto se debe a la compleja legislación laboral para los empleados de gobierno. Vinicio Cerezo autorizó los sindicatos públicos por lo que su actuar se enmarca en los pactos colectivos que “negocian” con las nuevas autoridades. Para despedir a alguien hay que mover cielo y tierra, por años. No será de extrañar que ahora, con el actual gobierno, logren muchas prebendas adicionales a las que ya tienen y que crezca esa burocracia exponencialmente.

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¿Dónde queda, entonces, la libertad de empresarialidad, de expresión, de trabajo y de cualquier otra índole? La respuesta es sencilla: en las manos del “servidor” público que tiene toda la “autoridad” de agilizar, efectuar, denegar o retardar una solicitud, trámite, permiso, licencia o cualquier otra cosa.

La solución 

La solución es demasiado compleja pues se debe resolver en esa maraña burocrática en la que, reitero, el libertinaje priva sobre la ley y el derecho ciudadano. La legislaciónes el origen de todo. Con muy pocas excepciones, las leyes y sus reglamentos han sido negociados en el seno del congreso (con minúsculas, a propósito). Terminamos con leyes enredadas, difíciles de aplicar y, lo peor, total y absolutamente interpretativas.

En esa interpretación, la poca libertad que aún quedaba, se convierte en libertinaje. No habrá responsables ni consecuencias por sus actos. El sistema de justicia, quien es el responsable de determinar la ilegalidad o no, de actos de cualquier índole, resulta el actor principal en esta nuestra Guate libertina donde la mayoría hacen lo que se les viene en gana.

Se trata de libertad y esto implica menos burocracia. Clamamos por un gobierno pequeño que se enfoque en lo importante: vida, propiedad y libertad. Todo lo demás está fuera de su ámbito de acción. Mientras más grande es el gobierno, hay más controles, normas, leyes, reglamentos y cuanta cosa. Es casi imposible prosperar cuando debemos navegar en un enredo en el que los favores son la norma, la aplicación de la ley es la excepción y el crecimiento y desarrollo de Guatemala se estanca, dejando a miles de ciudadanos en la pobreza pues construir una carretera, proveer servicios de salud dignos y educar a los niños con visión de futuro, es imposible.

Ante esta realidad, recuerdo las palabras de don Carlos Lorenz, quien sirvió como Bombero Voluntario por muchos años: “¡Dios es guatemalteco!”

 

La autora de este artículo es Carolina Castellanos.