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Un fenómeno que altera el clima a escala mundial

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23 de abril, 2019

Guatemala convive desde noviembre pasado con un “niño” que altera los patrones de lluvia, temperaturas superficiales y vientos, volviéndose importante su monitoreo.

“El Niño” es un fenómeno oceánico provocado por el calentamiento anormal de las aguas del Océano Pacífico y es la fase de calentamiento de un patrón climático más grande llamado El Niño – Oscilación del Sur (ENOS).

Su aparición favorece a la disminución de lluvias en el territorio de Guatemala, pero los efectos que tiene sobre la lluvia y temperatura del aire, se siente en todo el mundo.

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París Rivera, coordinador de la Unidad de Cambio Climático del Insivumeh, explica que es diferente el efecto de “El Niño” en muchas regiones del planeta, en algunos lugares genera mucha lluvia y en otros poca.

“En Centroamérica, cuando hay fenómeno de ‘El Niño’, hay una disminución de lluvias, incluso si esta fuerte puede generar sequía. Y justo lo contrario, pasa con “La Niña”, explicó.

Para considerar que es “fuerte”, la temperatura en las aguas del Pacífico tiene una diferencia grande en comparación a la climática. “Si está 3 ºC más cálido de lo normal, es un ‘Niño’ fuerte que puede causar sequía”, explicó Rivera.

Si la diferencia entre la temperatura del agua y la temperatura climática es de 1 ºC, en Centroamérica, puede causar disminución de lluvias, pero no al extremo para que haya una sequía.

Diferencias: Niño y Niña

El fenómeno de “La Niña” causa, a diferencia de “El Niño”, que el agua en el Pacífico oriental esté más fría que de lo normal, debido a que los vientos se hacen más fuertes y desplazan el agua cálida hacia el oeste del Pacífico.

Alex Guerra, director general del Instituto de Cambio Climático (ICC), explica que “La Niña” genera exceso de lluvia en Guatemala y “El Niño”, exceso de calor y menos lluvia.

“Uno de los efectos de este fenómeno (“El Niño”) son los incendios forestales. Cuando estamos en el periodo de “El Niño” aumentan los incendios forestales”, agregó Guerra.

Este fenómeno genera cambios de temperatura y condiciones atmosféricas de calor que, en Guatemala, elevan el riesgo de incendios forestales al haber mucha vegetación seca, calor y viento.

Cuando el fenómeno de “El Niño” se da en los meses de invierno, la cantidad de lluvia baja, lo que ocasiona una disminución en los rendimientos o pérdidas en los cultivos de productores nacionales.

“En lugares llueve tan poco que se pierden los cultivos. En una temporada de lluvia escasa no se recargan los mantos acuíferos y en algunos ríos se da un disminución en el caudal, aunque no se secan“, comenta Guerra.

Los ríos son alimentados por agua de lluvia y al existir un déficit de lluvias, mengua la cantidad del caudal. Guatemala cuenta con más de 30 ríos que atraviesan la mayoría de sus 22 departamentos.

“No es instantáneo, pero meses después se se percibe que los ríos llevan menos agua, y eso puede afectar actividades agrícolas que dependen de los ríos”, comenta el coordinador de la Unidad de Cambio Climático del Insivumeh.

Ríos de Guatemala

Según el departamento de Hidrología del Insivumeh, Guatemala cuenta con ríos que se dividen en tres grandes vertientes (Pacífico, Atlántico y Golfo de México) y tienen longitudes cortas (110 km. promedio) y grandes, como el Motagua.

El río más largo de Guatemala, el Río Motagua, se encuentra en la vertiente del Atlántico y tiene una longitud de 486.55 kms., seguido de Chixoy (417.90 kms.) río La Pasión (353.90 kms.).

Aunque el río más largo es el Motagua, con un caudal medio de 208.7 m3/seg, el más caudaloso es el Usumacinta, fronterizo con México, con un caudal promedio anual aproximado de 1,500 m3/seg.

El río Usumacinta nace en las partes altas de la sierra de Chamá, Quiché, y desemboca en el Golfo de México. El río atraviesa Guatemala y México, recorriendo cerca de 1,100 kilómetros.

Guatemala tiene más de 30 ríos que se dividen en tres vertientes. Fuente: Insivumeh

Entre los ríos más largos de Guatemala se encuentra el río Cahabón que a lo largo de sus 196 km de longitud atraviesa los municipios de Cobán, San Pedro Carchá y Lanquín, del departamento de Alta Verapaz.

A la lista se suman el río Chixoy, Cahabón, Polochic, Los Esclavos, Hondo, Madre Vieja, Olopa, Nahualate, Coyolate, Suchiate, Achiguate, entre otros.

Guerra explicó que uno de los factores que más afecta los ríos nacionales es que en los últimos cuatro años ha llovido menos del promedio. “Ese efecto acumulado está afectando y el nivel de los ríos es menor”, agregó.

El ICC tiene un sistema de monitoreo de ríos para vigilar sus niveles y su director señaló que en los últimos años, desde enero, los caudales están en niveles bajos desde el primer cuatrimestre del año.

“Se mantienen bajos en enero. Se vuelve más crítico en marzo y abril“, dijo Guerra, quien mencionó que es hasta en mediados de mayo que se elevan los caudales de los ríos, al punto de que se dificulta realizar mediciones.

Al ser consultado sobre los niveles que registran los caudales en época seca, Guerra señaló que cada río es diferente. “Hay ríos que se mantienen bajos, hablamos de un 10 a 15% respecto a su promedio”, indicó.

La disminución en los cauces de los ríos por escasez de lluvia también puede llevar a que comunidades tengan un menor disponibilidad del agua para uso doméstico o agrícola, pero hay también efectos menos obvios.

La producción de energía por centrales hidroeléctricas puede variar según el caudal de los ríos. Y cuando la lluvia escasea, la cantidad de energía hidráulica producida decae, y ello tiene un efecto: una factura de luz más alta.

Según el Insivumeh, la energía hidroeléctrica, al depender de las precipitaciones, varía su oferta en función del agua que cae del cielo o de la disponibilidad de agua.

En 2018, la producción anual de energía hidroeléctrica en el país se redujo un 10% respecto a 2017, debido al invierno escaso y sequías prolongadas, según datos de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica (CNEE).

El coordinador de la Unidad de Cambio Climático del Insivumeh, París Rivera, señala que los ríos son alimentados por lluvia y al existir una déficit, disminuye la cantidad de agua en los caudales.

“Eso es lo que ha sucedido en los años en los que se ha presentado ‘El Niño’. No es instantáneo pero meses después se vuelve obvio que los ríos tienen menos agua. Esto afecta las actividades agrícolas, que dependen de las aguas de los ríos”, señaló.

El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) informó que 330 mil familias agricultoras fueron afectadas por la canícula prolongada de 2018, que inició en la segunda quincena de junio y se prolonga hasta julio.

Un informe de la FAO (con fecha 29 julio de 2018) advirtió que la canícula prolongada del año pasado, generaría una disminución de la producción nacional de maíz blanco y frijol negro, equivalente al 18% y 16% respectivamente.

Según Rivera, la falta de recursos del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) impide que se puedan realizar monitoreo semanales de los niveles de los caudales de ríos.

“Se tienen observadores para monitorear los niveles de ríos, pero la medición de caudales, algo muy importante. Y eso es exactamente lo que no se ha tenido últimamente: Actualización de caudales de ríos”, comentó.

Según un boletín hidrológico del Insivumeh del 11 de abril, da a conocer hay nueve ríos que presentan un nivel (no se refiere al caudal) por debajo de su promedio normal, que podría indicar una situación de déficit hídrico.

El Sistema de Monitoreo Hídrico del Insivumeh señala que hay nueve ríos están por debajo del nivel mínimo. Fuente: Insivumeh

Incluso el Río Los Esclavos (Cuilapa, Santa Rosa), no solo presenta niveles bajos sino que además tiene una tendencia a bajar. Los únicos que podrían subir son el río Polochic y río Chixoy, ambos en el departamento de Alta Verapaz.

Adaptarse a “El Niño”

Rivera comentó que las personas deben adaptarse a las condiciones climáticas, y más, en el caso de “El Niño”, que es un fenómeno natural repetitivo cada cuatro o cinco años, con una tendencia más recurrente.

“Lo que tiene que hacer los guatemaltecos es adaptarse. Cuidar los recursos naturales y hacer reservas de agua”, dijo al indicar que “El Niño” es uno de varios forzantes climáticos.

Guerra, quien posee un Doctorado en Geografía y Medio Ambiente, comentó que el país se encuentra en una fase del fenómeno de “El Niño” débil y queda adaptarse ya que “no es causado por el ser humano”.

Según los pronósticos a nivel mundial, la tendencia para los siguientes seis meses (abril a septiembre) es que continúe un fenómeno de “El Niño”, pero con intensidad débil y similar a lo que se vivió durante 2018.

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