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Una decisión existencial

Redacción
05 de octubre, 2016

El otro día un amigo trajo a mi atención el artículo “Ser Social individual” de Raúl de la Horra, donde el autor muestra un desconocimiento, común entre muchas personas, sobre que es la sociedad, que hace la UFM, y que escribió Ayn Rand. Señala a la Universidad Francisco Marroquín de defender a ultranza el libre mercado y de tener como “biblia obligatoria para los estudiantes” la novela de Ayn Rand The Fountainhead (El Manantial). Dice del protagonista principal de dicha novela, el Arquitecto Howard Roark, que es el representante de las “estrambóticas ideas (de Ayn Rand) en defensa del “héroe-individuo” y de lo “privado” frente a “lo social”.

De la Horra se equivoca en todo. Primero, no existe dicotomía alguna entre individuo y sociedad. La sociedad política es una asociación de individuos, que establecen vínculos contractuales de interrelación personal, con el propósito de mejorar la calidad de vida de cada asociado, por medio de la cooperación, es decir, por medio del intercambio de bienes y servicios. La sociedad no son los individuos, sino el tipo de vínculo que agrupa a los individuos. Es igual al matrimonio, que no consiste en los individuos sino que en el tipo de vínculo que los une. Si el vínculo contractual del matrimonio se rompe, los individuos que antes estaban casados, permanecen, siguen existiendo. Lo que desapareció es el matrimonio.

Existen otras agrupaciones que no son sociedades. La familia no es una sociedad contractual sino que una agrupación hegemónica de personas emparentadas entre sí. Una monarquía tampoco es una sociedad contractual sino que una comunidad política hegemónica, donde los súbditos no son socios del monarca. Una dictadura tampoco es una sociedad contractual, sino que una agrupación coaccionada hegemónica donde los súbditos tampoco son socios del tirano o dictador.

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Así pues, decir dicotomía sociedad-individuo es tan absurdo como decir dicotomía matrimonio-conyugue. No existe sociedad sin individuos, así como no existe matrimonio sin conyugues.

Segundo, el mercado no es una entidad que actúa, ni un lugar, sino que el proceso de intercambio de bienes y servicios por los individuos. De hecho, el mercado es la actualización de la cooperación social. Defender, como hacen algunos catedráticos y alumnos de la UFM, a ultranza el libre mercado significa nada más ni nada menos que defender resueltamente la cooperación social, que es la razón de ser de la sociedad. Defender a ultranza el libre mercado es defender sin vacilar la sociedad. No existe antítesis entre uno y otro.

Tercero, no sé si de la Horra en realidad leyó la novela que menciona, pero ésta no trata del “héroe individuo y lo privado frente a lo social”. La novela, partiendo de la premisa de que el propósito moral de uno es vivir una vida feliz, trata sobre la decisión de vivir uno su vida con autenticidad y hacer de ésta algo extraordinario –un tema que también trata Sartre en “Nausea”, y Schulman en su “Sociedad de los Poetas Muertos”.

Sartre nos dice por medio de su personaje Antoine Roquentin que uno sólo es auténticamente uno mismo a través de las propias elecciones, hechas por iniciativa propia, sin adoptar los estándares de otras personas ni seguir sus consejos.

Schulman nos dice por medio del profesor de inglés John Keating que uno debe hacer su vida extraordinaria, lo que resume en la frase latina de Horacio “carpe diem” (aprovecha el día). Uno de los principales protagonistas, Neil, quien al haber descubierto su amor por la actuación decide actuar en la obra “A Midsummer Night´s Dream” de Shakespeare, desafiando a su dominante padre. Por eso se ve confrontado con la decisión de su padre de forzarlo a estudiar en una escuela militar para acabar con esa pretensión suya de ser actor. Neil considera que “su” vida ya la vivió al hacer realidad su ambición de actuar. De ahí en adelante el tiempo que le queda será para vivir la vida que su padre anhela, no la que él quiere. Así que toma la decisión de suicidarse –momento de catarsis de la obra que plantea el asunto de vivir o no la propia vida como uno quiere.

El protagonista principal de la novela de Rand, cuando discute sobre su futuro con el decano de la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico de Stanton dice:

“-Mire –respondió Roark con serenidad-. Tengo, digamos, sesenta años de vida por delante. La mayor parte de ese tiempo lo pasaré trabajando y he elegido el trabajo que me gusta hacer. Si no gozo con él, resultará que yo mismo me habré condenado a sesenta años de tortura.” [Ayn Rand, El Manantial, (Grito Sagrado, 2005), p 37.]

Rand usa a los otros protagonistas para contrastarlos con Roark y muestra las consecuencias lógicas de la aplicación de distintas filosofías a sus vidas, aquellas que los llevan a renunciar a su autenticidad y que por tanto, conducen a vidas miserables. Por ejemplo, Ellseworth Toohey, siguiendo el precepto de la moral de Kant, en que el acto moral es aquel que se hace por el deber y nunca puede serlo buscando la propia felicidad, aconseja a sus alumnos que abandonen la carrera de sus sueños y elijan una carrera que no les guste:

“La gente notaba que Ellsworth Toohey raras veces permitía que los alumnos siguieran la carrera que habían elegido. “Si yo fuera tú, no seguiría abogacía; eres demasiado nervioso y apasionado para eso. Una histérica devoción por la profesión no te proporcionará felicidad. Es más sabio elegir una profesión en la cual puedas estar tranquilo, medido y dueño de la situación. Sí, aunque la odies. Te hará descender a lo terrenal…”” [Ayn Rand, El Manantial, (Grito Sagrado, 2005), p 327.]

Peter Keating es el personaje que aplica en su vida estas ideas esgrimidas por Toohey. Lo que quería hacer era dedicarse a la pintura, pero elije ser arquitecto porque su madre deseaba que el fuera arquitecto:

“Es gracioso, pensó Keating, una vez había querido ser artista y había sido su madre quien le había elegido el mejor camino para que pudiese ejercitar su talento en el dibujo: “La arquitectura” –le había dicho- “es una profesión muy respetable, Además, en ella podrás conocer a las mejores personas.” Lo había empujado a esa carrera, sin que él supiese cuándo ni cómo.” [Ayn Rand, El Manantial, (Grito Sagrado, 2005), p 44.]

Keating se enamoró de Katie, la sobrina de Ellseworth Toohey, pero éste último lo convence de que la abandone y que se case con Dominique Francon, la hija de su jefe, para escalar a una mejor posición dentro de la firma. Ese matrimonio termina fracasando, como era previsible. Posteriormente Keating, cuando encuentra a Katie otra vez, le confiesa:

“Katie, yo quería casarme contigo. Era lo único que siempre quise realmente. Y ese es el pecado imperdonable: que no haya hecho lo que quería. Se siente como algo tan sucio, tan sin sentido, tan monstruoso como lo que se siente con respecto a la locura, porque carece de sentido, de dignidad; no es más que dolor, y un dolor despreciado… Katie, ¿por qué nos enseñan que es fácil y malvado hacer lo que queremos y que necesitamos disciplina para refrenarnos a nosotros mismos? Es lo más difícil del mundo hacer lo que queremos. Y requiere del más grande de los corajes. Digo, hacer lo que realmente queremos. Como yo, que quería casarme contigo.” [Ayn Rand, El Manantial, (Grito Sagrado, 2005), p 642.]

Cuarto, de la Horra también se equivoca al afirmar que esta novela es la biblia obligatoria para los estudiantes de la UFM. Eso es falso. Soy yo quien recomienda la lectura de este libro, y sólo a los estudiantes de arquitectura, quienes son los que lo leen. Lo hago con el propósito de que les haga reflexionar sobre su vida y la carrera que eligieron. Así como yo, sé que hay muchos catedráticos universitarios que han encontrado a más de un alumno, en último año de su carrera, que se encuentra totalmente desmotivado. Al preguntarle ¿por qué?, invariablemente la respuesta es: “La verdad profesor, es que a mí no me gusta la arquitectura o la carrera que cursa. Lo que yo quiero ser es chef (o cualquier otra cosa), pero mis padres me dijeron que primero tenía que sacar esta carrera.”

No dudo de las buenas intenciones de los padres, pero lo cierto es que la vida es temporal e incierta. Si se diera el caso, como ha sucedido, de que el joven fallece durante su época de estudios, habrá sido condenado por sus bien intencionados padres a una vida de tortura. Si sobrevive esta etapa, habrá desperdiciado años de su vida siendo infeliz. De ahí la importancia de enfrentar esta decisión existencial. Quien está haciendo lo que desea está realizado, sin importar el tiempo. La mayoría de alumnos, después de leer esta novela, decide estudiar lo que realmente los apasiona. Y los que lo han hecho, han sido profesionales exitosos.

Por último, de la Horra también se equivoca al suponer que en la novela hay un enfrentamiento entre el individuo y lo social. Durante el juicio del caso Cortland, lo que se discute es que tipo de agrupación desea uno para vivir. ¿Deseamos vivir en sociedad, respetando la vida, la libertad y la propiedad de cada uno, por medio de la cooperación, intercambiando voluntariamente valor por valor, donde ambas parte ganan; o en una comunidad donde no hay cooperación sino que despojo, coercitivo, de unos a otros, donde no se respetan la libertad, la vida ni la propiedad de cada uno, donde uno gana y el otro pierde?

En su discurso Roark dice:

“Las personas comercian por libre y mutuo consentimiento, y en beneficio mutuo, cuando sus intereses coinciden y ambos desean el intercambio. Si alguno no lo desea, no está obligado a tratar con el otro, entonces ambos siguen buscando. Esta es la única forma posible de relación entre iguales. Cualquier otra es una relación de esclavo y amo, de víctima y verdugo.” [Ayn Rand, El Manantial, (Grito Sagrado, 2005), p 733.]
Es una decisión existencial.

República.gt es ajena a la opinión expresada en este artículo

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