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¿A quién creerle?

Nuestra credibilidad tiene que estar cimentada a la justicia verdadera, no a la manipulada a conveniencia. 

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Carolina Castellanos |
22 de septiembre, 2023

“En río revuelto, ganancia de pescadores”, reza el viejo refrán. Estamos en medio de un huracán político e ideológico. Las luchas de poder están al tope. Los indicios de fraude son suficientes como para haber anulado todo y vuelto a empezar. Pero esas mismas luchas incluyen, y hasta atropellan, a quienes tienen la autoridad legal de hacerlo. 

En medio de todo estamos los chapines, que somos todos los que, alejados de la política, nos vemos inmersos en el torbellino. “Dios es guatemalteco”, me dijo, hace muchos años, Carlos Lorenz, bombero voluntario ya retirado. Guatemala sigue creciendo económicamente, produciendo, exportando e invirtiendo porque nosotros, los chapines “de a de veras”, somos los empresarios, formales e informales, que estamos “sosteniendo la pacaya”.

¿Y el resto de guatemaltecos, esa minoría poderosa, que tiene los “conectes”, el posicionamiento y el dinero para manejar esa maraña política? Esos pocos están ocasionando suficientes problemas para desmoronar todo un sistema democrático, que nos ha permitido elegir a los gobernantes cada cuatro años y mantener, a empujones y rabietas, un medio balance de pesos y contrapesos. 

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El resultado de tanto desorden es un sistema de justicia que no cumple su función a cabalidad. No puede haber paz cuando los malos están libres y los buenos estamos en una prisión construida con el hambre, el abandono, las promesas vacías, la desidia y la corrupción. 

¿A quién le creemos? ¿En quién podemos depositar nuestra confianza? ¿Quién será el que realmente va a dirigir nuestro destino en el corto plazo? El “electo” ha ofrecido todo lo que le resulta conveniente. Apoyado por esa mal llamada “comunidad internacional”, que no es más que un montón de burócratas, se siente un ser supremo con autoridad para hacer y deshacer. Tal parece que tendremos a la ONU, que no es más que un reducto guerrillero con mucho dinero y poder, y a la OEA, otra organización inútil, dirigiendo nuestro destino.

La marea roja llegó a Guatemala. Su característica principal, demostrada en la totalidad de países que ha invadido, es el engaño. Nuestra credibilidad tiene que estar cimentada a la justicia verdadera, no a la manipulada a conveniencia. Los valores y principios que nos han sostenido a lo largo del tiempo, desde que somos un paíslibre, nos sostendrán mientras llega el momento de recobrar el color azul de la marea.

Nos toca creer en nosotros mismos y en nuestra capacidad de lucha, con valentía, honradez y la mirada en quien todo lo puede, porque es guatemalteco.