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El perverso concepto de castigar las herencias

Consideran ellos que la desigualdad de riqueza tal como existe hoy socava la democracia y perjudica a la sociedad. Afirman que si uno no empieza su vida dentro del 10% más rico de la población no llegará jamás a serlo.

Herencia
Warren Orbaugh |
08 de enero, 2023

El otro día un amigo trajo a mi atención la postura de un grupo compuestos por jóvenes millonarios alemanes, austriacos y suizos. Se autodenominan TAXMENOW (cóbrame impuestos ahora) y su iniciativa nació como una de las estrategias del taller socialista del colectivo Bewgungsstiftung (fundación de movimientos) en febrero de 2021. El Bewegungsstiftung es una fundación comunitaria con sede en Verden, cerca de Bremen. Afirman promover movimientos sociales comprometidos con la ecología, la paz y los derechos humanos con subvenciones y asesoramiento.

Una de las campañas del Bewegungsstigtung es la iniciativa "Hamburgo expropiada" que quiere lograr con un referéndum que las grandes corporaciones de vivienda en Hamburgo sean expropiadas y socializadas con el fin de detener el aumento de los alquileres en la ciudad hanseática. La iniciativa de Hamburgo sigue así el ejemplo de la campaña "Expropiar Deutsche Wohnen & Co", que ganó un referéndum correspondiente en Berlín en 2021 y que evidentemente destruyen el derecho de propiedad de las personas a pesar de que la fundación dice defender los derechos humanos.

Otra es "Adiós Gas Natural" que quiere iniciar una iniciativa ciudadana en Potsdam para que la ciudad deje de quemar gas natural a más tardar en 2030 y reemplace la producción de electricidad y calor con fuentes de energía renovables. Un ejemplo más es la iniciativa “Stay Grounded” que es una red internacional comprometida con la limitación del tráfico aéreo y el transporte sostenible. Porque volar, según ellos, es la forma de moverse más dañina para el clima.

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El grupo TAXMENOW es lidereado por la cofundadora Marlene Engelhorn, heredera de la fortuna de la farmacéutica alemana BASF; Stefanie Bremer, heredera de un inmenso patrimonio, cuyo seudónimo pretende proteger a su familia; y Antonis Schwarz, heredero de una considerable hacienda y fundador de Guerrilla Foundation. Consideran ellos que la desigualdad de riqueza tal como existe hoy socava la democracia y perjudica a la sociedad. Afirman que si uno no empieza su vida dentro del 10% más rico de la población no llegará jamás a serlo. También consideran que los ricos no deben poder elegir si aportan o no a la sociedad. Así que proponen para implementar la “justicia social”:

La reintroducción de un impuesto sobre el patrimonio para activos por valor de millones y miles de millones.

La limitación de las exenciones para el patrimonio empresarial y otras regulaciones especiales para el impuesto de sucesiones y el impuesto de adhesiones.

Tasas impositivas progresivas en lugar de tasas estándar.

Y un gravamen arbitrario y selectivo sobre activos por valor de millones y miles de millones si las tareas gubernamentales no pueden financiarse debido al freno de las deudas.

Los conceptos que esgrimen son perversos. Son los mismos que Karl Marx popularizara en su Manifiesto Comunista con el propósito de destruir el sistema de libre mercado o Capitalismo. Sin embargo, no son originales suyos y, ya otros los implementaron antes con consecuencias nefastas: los ricos sacan su capital hacia otros lados disminuyendo la inversión local y empobreciendo a la sociedad que consintió la legalización del robo.

Estos conceptos destruyen el concepto de justicia, que como bien explica Epicuro, es un concepto que califica las interrelaciones entre personas. Si en una interrelación, una persona perjudica a otra, entonces el acto fue injusto y requiere retribución. Pero si no se perjudicó a nadie, el acto fue justo. En nada perjudica a terceros el que un padre decida dejarle su patrimonio a su hijo, de la misma manera de que en nada perjudica a terceros el que un padre decida abrazar y besar a sus hijos. Ninguno tiene derecho a disponer de como uno deba usar su propiedad. Eso si que es injusto, es una violación al derecho de propiedad de cada uno. Eso si perjudica al propietario al forzarlo a hacer uso de lo suyo de manera distinta a como él libremente lo haría. Este concepto quiere aparentar justicia destruyendo el significado de justicia.

Otra falacia es afirmar que quien hereda va a mantener la riqueza heredada. Sólo lo hará si sabe invertir su capital en aquellos proyectos que más benefician a la sociedad, es decir, en aquellos que agregan valor y satisfacen la demanda de los consumidores. Si no lo hace, perderá su fortuna. Los de mi edad somos suficientemente viejos para darnos cuenta de esto: hemos visto quebrar a la United Fruit Company, a Panam, a IBM, a Nokia, a Continental, etc. Y ahora vemos como el heredero de Walt Disney está quebrando la empresa que heredó, perdiendo cantidades multimillonarias con cada película y serie “Woke” que ha hecho. Marlene Engelhorn y los jóvenes austriacos y alemanes que proponen la descabellada idea de violar el derecho de propiedad de los demás, van en camino de perder sus fortunas. Muy distinto es el concepto de filantropía que consiste en usar los propios recursos en proyectos de beneficio social. En este último caso uno ejerce su derecho de propiedad sin violar el de los demás.

Y, por último, también es falso que una persona pobre no puede hacerse millonaria con su trabajo. Hay muchos ejemplos que muestran lo contrario: Benjamín Franklin, Andrew Carnegie, Cornelius Vanderbilt, John D. Rockefeller, Steve Jobs, Jeff Bezos, etc. Ejemplos nacionales también abundan, pero mencionaré uno que conozco bien: el caso de Humberto Suarez. Don Humberto fue quien financió varios de mis edificios. Él empezó su vida como muy pobre trabajando como cargador en el ferrocarril, y gracias a su ingenio y trabajo creó una fortuna con la que financiaba diversidad de proyectos.

Así que estos conceptos, buscando la igualdad de resultados por medio de la desigualdad ante la ley, como toda idea socialista, son realmente nefastos.

 

El contenido en la sección de Opinión es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la postura o la línea editorial de República.