26° GUATEMALA
21/01/2022
Política
Política
Economía
Economía
Finanzas
Finanzas
Emprendimiento
Emprendimiento
Premium
Premium
Vive
Vive
Internacional
Internacional
Migrantes
Migrantes
Inmobiliaria
Inmobiliaria

Historias Urbanas | Jorge Godínez: “Aquí ni siquiera es pan y circo, yo diría que es fut y guaro”

Invitado
11 de julio, 2021

Jorge Godínez: “Aquí ni siquiera es pan y circo, yo diría que es fut y guaro”. Cuestionario a propósito de la vuelta a escena de La calle donde tú bebes. Esta es la historia urbana de José Vicente Solórzano Aguilar.

Desde su estreno, la comedia La calle donde tú bebes retrata los estragos causados por el alcohol en personajes como Tomás Ríos, el Profesor, Juana de Jesús Cruz Cux y la corte de los milagros que asedia a toda persona con tal de conseguir su ajustón y comprarse su octavo.

La obra dirigida por Jorge Hernández Vielman se presenta los sábados 17, 24 y 31 de julio en el Teatro de la Cámara de la Industria (Ruta 6, 9-21, zona 4). Inicia a partir de las 7 de la noche, bajo medidas de bioseguridad, y la entrada cuesta Q80.

SUSCRIBITE A NUESTRO NEWSLETTER

Su autor, el músico y novelista Jorge Godínez (Ciudad de Guatemala, 1948), apartó parte de su tiempo libre para teclear las respuestas que pueden leerse con la cumbia «El desocupado» como música de fondo.

1. De la obra

¿Cuál fue el punto de partida de La calle donde tú bebés (y por qué no titularla La calle donde «vos bebés»)?

El nombre original de la comedia es La consiga; por razones comerciales se le puso La calle donde tú bebes, parodiando la frase «La calle donde tú vives». Se refiere al título de un programa radial de Héctor Gaitán que posteriormente fue llevado a los periódicos, la televisión y finalmente a los libros. Pero esta frase no es original de Gaitán, ya que es el título de una de las canciones de la comedia musical Mi bella dama («On The Street Where You Live»). Héctor, supongo, tomó la frase de dicha canción. Funciona, entonces, La calle donde tú bebes como una aliteración de «La calle donde tú vives».

¿Te propusiste escribir una pieza didáctica en contra del abuso del alcohol?

De ninguna manera. El didactismo no es buen consejero en la comicidad, salvo se utilice como un recurso de crítica de los términos que suelen usarse en los presupuestos académicos y la docencia. Mal haría yo en tratar de enseñar «cómo se debe chupar». Aunque uno de los personajes, el Profesor, sí pretende hacerlo en una de las escenas, pero no deja de ser un disparate para arrancar la risa del público. Tampoco fue mi intención enseñar a «no chupar». Más bien es una reflexión para que los indolentes piensen que el alcoholismo, aparte de ser un problema social, también es un problema de salubridad.

«Las palabras de alguno de los personajes han sido sacadas de la tradición oral urbana y vigente», afirmás de ciertos diálogos de tu obra. ¿Me podés citar algunos ejemplos?

La primera edición del libro ¡Qué lindo ser feo!, en el cual está La calle donde tú bebes. La consiga, incluía al final del texto un glosario en orden alfabético de palabras coloquiales y en caló, utilizadas por los personajes, explicando su significado. En la nueva edición del libro fue eliminado y algunas de las palabras también. Cuando escribí la obra, los alcohólicos consuetudinarios eran conocidos como charamileros porque consumían alcohol industrial mezclado con agua llamado charamila. También había en ese entonces una bebida envasada en pequeñas botellas de un licor barato y de mala calidad, que fueron muy populares en los años 70 y 80, cuya marca era Chiricuta. Los bolos tomaban vino Marañón y Presidente, que creo ya desaparecieron. La pieza teatral tiene bastante caló en sus diálogos y palabras soeces. Son muy usuales en el ambiente de las cantinas y en el trato coloquial de los guatemaltecos. Incluyo algunos ejemplos de palabras utilizadas:

  • Abanderar: Cuidar las espaldas de alguien, mientras éste ejecuta algún negocio o robo.
  • Acabados: Pobres, sin dinero.
  • Alagartado: Ambicioso, proclive a las dádivas.
  • Caballo: Pantalón.
  • Chapuz: Trabajo mal hecho.
  • Charamila: Alcohol de quemar mezclado con agua.
  • De a gorila: Bastante.
  • Engasado: Sufrir alucinaciones por intoxicación alcohólica.

Me comentaste que el texto original se nutre de improvisaciones, de lo que surge durante los ensayos. ¿Cómo las captás?

El texto original no se nutrió de morcillas que surgieron en los ensayos o en los diversos montajes de esta pieza teatral, porque el libreto nació con sus propias situaciones dadas. La obra está escrita como un guión específico, que puede ser interpretado tal y como está plasmado en el papel. Lo que pasa es que hay actores muy ocurrentes y al olvidar una línea resultan improvisando el parlamento. O bien hacen algún chiste que resulta muy gracioso al público y, a veces, estas morcillas se van agregando a los parlamentos. En la nueva edición de ¡Qué lindo ser feo!, La calle… tiene ya incluidos en el nuevo texto algunas de estas improvisaciones que se fueron quedando de los diferentes montajes y, por lo tanto, ahora son parte del libreto.

El estricto novelista argentino Ernesto Sabato aseguró que ninguno de sus personajes era tomado de la vida real, todos le brotaban del subconsciente. ¿Te sucedió lo mismo con el reparto de tu obra?

A excepción del personaje del Muñecón (estatua del Monumento al Trabajo), ninguno es real. Todos son ficticios, son sacados de la imaginación. Claro que el Muñecón es una estatua de granito que está ubicada en La Palmita, zona 5. Tiene 90 años de haber sido colocada en dicho lugar. Si bien no es un personaje de carne y hueso, en la comedia cobra vida. Ello como resultado de un delirium tremens del Profesor que alucina, platica y pelea con este personaje en una de las escenas más divertidas de la pieza teatral.

¿A qué atribuís la longevidad en escena de La calle donde tú bebes?

A que es una excelente obra de teatro, trata de manera jocosa el problema social del alcoholismo crónico. Y aunque no es para nada una pieza moralista, sí tiene sus mensajes para que el público reflexione. No olvidemos que de un tiempo para acá, el teatro en Guatemala se ha caracterizado por darle prioridad a piezas que sólo buscan la carcajada. En las cuales no existe la dramaturgia, son puros sketches cómicos o chistes dramatizados cual memes de redes sociales, se basan en la chirigota política. La calle…, aunque sea una «borrachera escénica», tiene diálogos muy interesantes, con mucho sentido. Su formato original de tres actos y veintiocho personajes la convierten en una pieza de largo aliento que si se montara tal cual está escrita, duraría cuatro horas. La nueva versión ha sido recortada a dos actos y con todo el receso entre acto y acto, la logramos reducir a dos horas.

¿Cómo surgió la posibilidad de esta nueva temporada, a pesar de la pandemia?

Surgió a raíz de que yo publiqué la segunda edición de ¡Qué lindo ser feo! Jorge Hernández Vielman se comunicó conmigo y me habló de la posibilidad de hacer una corta temporada. Como los teatros habían cerrado más de un año debido a la emergencia sanitaria, nos pareció buena idea regresar al ruedo con una obra que ha tenido mucho éxito en sus temporadas anteriores. Con este montaje, ya son doce teatros donde se ha presentado La calle donde tú bebes. La consiga.

¿Es cierto, según la frase atribuida a Miguel Ángel Asturias, que en Guatemala sólo a (autocensurado) se puede vivir?

Guatemala es un país azotado por el flagelo del alcoholismo. Desde tiempos inmemoriales el pueblo ha remojado con guaro su frustración y sus penas. Esto le resulta muy cómodo a los gobiernos que prefieren que la gente se embrutezca con alcohol, a que se culturice y se desarrolle en un ambiente sano. Aquí ni siquiera es pan y circo, yo diría que es «fut y guaro». Las grandes empresas dedicadas a fabricar y distribuir licores y «bebidas de moderación», son las primeras en bombardear a la población con sus anuncios que promueven el consumo de estas bebidas. Con modelos de jóvenes exitosos que atiborran los periódicos, la radio y la televisión. De ahí que la frase de Miguel Ángel Asturias cobra mucho sentido si se toman en cuenta las carencias de educación, empleo y el acceso a la salud pública… ¡Ah!, pero el guaro corre a raudales.

2. Del oficio

Aparte de que «es una exageración y una amplificación de la vida», ¿qué es para vos el teatro?

Un pretexto para exponer mis ideas. Es una fuente de expresión de la cual brotan historias reales o ficticias, que se sugieren en el papel para luego cobrar vida en el escenario.

Se me ocurre preguntarte ¿de qué manera se observa mejor el teatro? ¿Desde la primera fila, los palcos o hasta el fondo?

Prefiero un lugar al centro de la platea, considero que desde ahí la sinóptica es más equilibrada y se dominan mejor las diferentes áreas escénicas.

Mucho se escribió acerca del movimiento teatral de los años 70 en Guatemala. ¿Qué recuerdos guardás vos de esa etapa?

Lamentablemente yo llegué a la Escuela Nacional de Teatro (enad) en el año de 1979. Hasta antes de eso yo jamás me interesé por el teatro, de tal suerte que mi conocimiento acerca del movimiento teatral de aquel entonces es casi nulo.

¿Cuándo te involucraste con los escenarios?

La primera vez que yo me subí a un escenario fue a los diez años de edad. Fui monaguillo y cantaba en el coro de la iglesia de San Pedrito, zona 5. Hubo un festival de coros católicos a nivel centroamericano en 1958, y el coro donde yo cantaba participó.

El evento se hizo en la Casa Central, fue la primera vez que experimenté el pánico escénico. Algunos años después comencé a tocar la guitarra eléctrica y participé en varios conjuntos juveniles como guitarrista.

En 1977 yo trabajaba en un night club acompañando a Víctor Manuel Porras. Víctor era un artista muy completo y tenía un gran manejo del público. En una de esas noches de show, Víctor me sorprendió y micrófono en mano trató de entrevistarme. Yo me quedé mudo, no pude decir ni pío.

A raíz de este accidente me puse a pensar seriamente que tenía que aprender a hablar en público y a desenvolverme en un escenario de forma natural y además con donaire. No fue sino hasta dos años después que me inscribí en la enad, comencé a leer libros y aprender técnicas teatrales para manifestarme de mejor manera en mi trabajo como músico.

Pero resultó que tenía bastante facilidad histriónica y mi primera participación en una obra de teatro fue con el papel principal de uno de los personajes de María Luisa Aragón. Fui fundador de la Compañía Ditirambo de la enad, también fui auxiliar de dirección de Rodolfo Mejía Morales. Luego descubrí mi vena de autor dramático y dejé la actuación.

¿Incluís a dramaturgos guatemaltecos entre tus referentes?

No, en algún momento fui influido por Álvaro de Laiglesia, Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela. También por Darío Fo y su Misterio bufo, especialmente la escena de Moralidad del ciego y el tullido, así como del teatro pobre y las teorías de Jerzy Grotowsky. Me pareció muy interesante el minimalismo del que se vale para usar el cuerpo del actor como única herramienta escénica.

La primera edición de ¡Qué lindo ser feo!, donde reunís tu obra teatral, tenía un espejo pegado en la portada. ¿Por qué no incluirlo en la segunda?

No lo creí adecuado porque quise hacer un libro totalmente diferente al anterior: nuevo levantado de texto, nueva diagramación, nueva fuente tipográfica, nueva carátula. Según la idea de revitalizar la edición, también tuvo un reacomodo y corrección de erratas, así como una cuidadosa redacción que refrescara el texto. Poner un espejito funcionó muy bien en la versión primera, pero había que cambiar de formato.

¿Cuándo te animaste a escribir tus propias piezas?

A mediados de 1979, en primer año de actuación. El profesor Rodolfo Mejía Morales, que también era docente de la Universidad Popular, nos hizo una invitación para interactuar con sus alumnos de la UP en una suerte de festivalito de inter academias. En la clase se formaron cuatro grupos y se escogieron fragmentos de obras de Chejov, Casona y Cervantes. Yo formé mi grupo con Byron Rodas, Jorge Hernández Vielman y Guberto Contreras. Como no quería participar con un fragmento de alguna obra clásica, decidí escribir una obrita para cuatro personajes —Anaximandro de Gerona, Macaveo Safado, el Enfermero y la Conciencia— a la que titulé Paroxismo de dos locos en diálogo análogo.

Yo hacía el papel de Anaximandro de Gerona, Byron de Macaveo, Jorge era el Enfermero y Guber la Conciencia. Nuestra participación fue la mejor, no usábamos escenografía. El vestuario eran piyamas de hospital y actuábamos descalzos, a excepción del Enfermero que sí estaba vestido como tal y Conciencia, con disfraz de payaso.

La piecita duraba como treinta minutos, le gustó tanto al profesor Rodolfo que me preguntó si estaría dispuesto a agregarle más personajes. También escribir otro acto porque se acercaba el 19 Festival de Teatro Guatemalteco y la escuela todavía no contaba con una obra para participar.

Además, debía incrementar el número de personajes para darle chance a los otros alumnos para que se involucraran en el elenco de la obra. Fue así como nació Electro Show, con la cual participamos en la sala de la UP ya como Compañía Ditirambo de la Escuela Nacional de Teatro.

Contaba con diez personajes y comparsas, dos actos y una duración de noventa minutos. En 1982 volvió a subir a escena, pero esta vez fue en las Bodas de Plata de la Escuela Nacional de Teatro, en la sala del Teatro de Cámara del Teatro Nacional.

¿Cómo resolver «la rivalidad entre el talento y la mediocridad, entre el poder económico y el ego artístico, entre el virtuoso y el comerciante»?

Creo que en la lucha de contrarios no habrá un ganador porque es una ley objetiva del devenir. Por otro lado, los opuestos se atraen. Lo mediocre y lo excelente son dos cosas que no pueden existir la una sin la otra.

¿Tenés noticia de la repercusión de tus obras fuera del país?

La única noticia que tengo es por parte de la poeta cubana Virgen Gutiérrez, con quien coincidimos en un congreso de literatura que se llevó a cabo en Quetzaltenango. Le obsequié en esa ocasión mi libro ¡Qué lindo ser feo! Algunos años después fui invitado por el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba, a instancia de mi amigo el actor y dramaturgo Reynaldo León, a dar una plática sobre mis obras en la Escuela de Teatro de Cubanacán.

Mi sorpresa fue que Virgen Gutiérrez donó mi libro a esta escuela y me contó que los alumnos del segundo grado habían montado como ejercicio teatral mi pieza Concierto a dos bocas (para muñeco y ventrílocuo). Es la única referencia que tengo de que una de mis obras haya subido a escena en otro país.

Te sugerimos leer:

De vuelta a la capital

Árboles en bolsa

El circo deja la ciudad

Hábitos alimenticios

A pajarear

SÍGUENOS EN
TE PUEDE INTERESAR