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La Línea: Corrupción y búsqueda del poder de la izquierda seis años después

Alejandro Palmieri
01 de septiembre, 2021

En abril de 2015 la FECI de la mano de la CICIG, presentaron un caso que alteró para siempre el curso de la historia judicial de Guatemala. El caso denominado “La Línea” involucró primero al Secretario de la entonces vicepresidente Roxana Baldetti y luego a ella misma. Y tras la revelación de una interceptación telefónica también se vinculó al presidente Otto Pérez Molina.

Las piezas fueron cayendo como dominós de la más pequeña a la más grande. La FECI y CICIG no dispararon con escopeta para pegarle a todos de una vez. Fueron disparando uno a uno los tiros, como para ir agarrando fuerzas o como para ir midiendo la reacción de los afectados. Baldetti renuncia y luego es capturada, pero antes de que eso ocurra, Otto Pérez es presionado para que renueve el mandato de CICIG.

FECI y CICIG presentan una solicitud de retiro de inmunidad contra el presidente Pérez y el Congreso arrolladoramente declara con lugar el antejuicio. Y antes que puedan capturar a un presidente en el ejercicio del cargo, Otto Pérez renuncia. Enseguida se presenta ante el juez Miguel Ángel Gálvez, quien había ordenado su captura y lo manda a prisión donde ha estado desde inicios de septiembre de 2015.

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Posteriormente, es ligado a proceso también por el caso denominado “Cooptación del Estado”. El primer caso, luego de más de seis años, está programado para debate a inicios del próximo año. Mientras que el segundo, ni siquiera ha llegado a etapa intermedia por una serie de errores y recursos que han impedido el avance. Vale la pena decir que no todos los recursos que han atrasado el caso han sido presentados por la defensa de los múltiples sindicados. También la fiscalía ha presentado recursos y amparos dilatorios.

Que Otto Pérez enfrente la justicia debiese haber sido lo principal, pero a la luz de lo ocurrido a partir del 2015 se puede sospechar que el objetivo no era ese, sino ese fue el mecanismo, el modo por medio del cual alcanzarían su verdadero objetivo: remover del poder a Pérez y que lo tomara alguien afín a los intereses políticos de grupos y personas cercanos a la extinta CICIG. Justamente eso fue lo ocasionó que aquellas multitudinarias manifestaciones contra Otto Pérez y su Vicepresidente no siguieran y, por el contrario, mermaran y desaparecieran.

Esos grupos y personas afines a CICIG (y la propia CICIG) lograron que Pérez mandara al Congreso una lista que incluyese al menos un nombre de alguien afín a la ellos; la terna la integraban Adela Camacho de Torrebiarte (QEPD), Carlos Contreras y Adrián Zapata.

Luego de que mediante argucias legislativas se eliminara de la lista a Contreras y surgiera el nombre de Oliverio García Rodas -quien no aceptó-, es que surge la propuesta proveniente de un bloque minoritario (recordemos que el Partido Patriota y Líder dominaban el Congreso) de incluir a Alejandro Maldonado.

Solo se puede especular qué hubiese pasado si el congreso hubiese cedido a las presiones y seleccionase a Zapata, por ejemplo. No es descabellado pensar que mediante algún procedimiento inconstitucional se hubiesen aplazado las elecciones, probablemente modificado la Constitución y de esa manera materializado la asonada de la izquierda. Por fortuna eso no ocurrió.

Después, ya en el gobierno de Jimmy Morales, los intereses políticos de quienes pretendían alcanzar el poder por vías distintas a la democrática, a la electoral, se hicieron aún más evidentes cuando por una bagatela se pretendió presionar al presidente Morales con el encarcelamiento de su hermano e hijo.

Al final de cuentas, ya habían botado a un presidente y uno más no presentaría problema. Con lo que no contaron es que el presidente Morales -que pudo haber tenido muchas fallas de caráter, pero jamás se le podrá señalar de falta de decisión– no moviera un dedo para impedir la captura de sus familiares, o de que los procesaran y no se dejó intimidar. Se ha dicho infinidad de veces, tanto por opositores de CICIG como también por sus aliados y algunos colaboradores, que ese fue el error que causó, a la postre, la salida de CICIG de Guatemala. Quienes tenían la intención de tomar el poder por la vía antidemocrática, por la vía judicial y no por la electoral, calcularon mal y les costó.

La CICIG pudo haber hecho algún bien durante su vigencia, evidenció redes corruptas a todo nivel y tuvo la capacidad de presentar casos que probablemente de otra forma no se hubieran presentado, pero en su afán se desvió y se metió a jugar política alentada por una serie de personajes que pululan en el ámbito político y oenegero desde hace tiempo y que no han podido ganar elecciones.

Al presentar tales casos de corrupción consiguieron el apoyo generalizado de los guatemaltecos, pero al irse descubriendo su agenda política, lo perdieron al punto que aquel afamado 72% de apoyo de la población hacia CICIG no se vio reflejado en las elecciones, como tampoco en la plaza.

No hay que equivocarse, su objetivo es alcanzar el poder mediante mecanismos no democráticos; la lucha contra de la corrupción es solo la más reciente excusa. Creyeron que lo conseguirían con Pérez Molina y les falló el cálculo. Creyeron que lo conseguirían con Morales y se toparon con un obstinado personaje que no se dejó doblegar. Con el actual presidente están tratando, pero ahora sin el acicate de CICIG y con el apoyo extranjero muy mermado; para ellos, para los que quieren alcanzar el poder por medio de mecanismos no democráticos sino espurios, la lucha continúa. Seguirán intentándolo, sin duda.

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